“Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase…” (Juan 13:2)Las cosas se estaban desatando, las circunstancias se estaban desencadenando, el plan de Dios se estaba apresurando. Tal vez este es el punto sin retorno.
Es irónico, pero cuando el enemigo cree que está haciendo lo peor que se le ocurre, no se da cuenta que se esta cumpliendo el plan de Dios. Que tranquilidad da saber que todo está dirigido por Dios. Nunca antes habían podido atrapar ni hacerle nada a Jesús. ¿Por qué? Porque “el tiempo aún no había llegado”.
A Jesús no lo tomó desprevenido, sabía exactamente todos los movimientos de Satanás y se adelantó a él, lo puso en evidencia. Aunque era necesario no desbaratar sus planes, dejó bien claro que sobre todo Dios seguía teniendo el control absoluto y soberano.
Pero nosotros debemos estar atentos, porque no ignoramos las maquinaciones de Satanás.
Nuestro corazón, como Judas, puede oír la voz de Satanás mintiéndonos, acusándonos, desanimándonos. Pero recordemos que “engañoso es el corazón”, así que debemos estar atentos y no hacer caso a toda voz, que aún puede venir de otras personas, sino velar y filtrar nuestros pensamientos y sentimientos “…porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. (2º Corintios 10:4-5 )
Debemos resistir firmemente a Satanás. La Palabra nos habla claramente sobre este tema y no hace falta agregar mas:
"Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe..." (1º Pedro 5:8-9)
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”. (Efesios 6:10-11)
"Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros". (Santiago 4:7)
