Resumiendo:“…sabiendo que su hora había llegado…”: conociendo el tiempo de Dios.
“…para que pasara de este mundo al Padre…”: conociendo el propósito de Dios.
“… los amó hasta el fin…”: motivados por el amor.
“… como el diablo sabía…”: conociendo y resistiendo las maquinaciones de Satanás.
“… sabiendo que el Padre le había dado todas las cosas…”: satisfechos por Dios.
“… sabiendo que había salido de Dios…”: sabiendo quiénes somos.
“… sabiendo que a Dios iba…”: sabiendo a dónde vamos.
Basados en esto, ¿qué hizo Jesús? ¿Y qué haremos nosotros?
“…se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un librillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”. (Juan 13:4)
El estar sentado en una cena indica un lugar de honor, de ser servido, agasajado, para ser “saciado”.
“¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?” Lucas 17:8
En este pasaje quien se sacia primero es el señor, luego el siervo; pero Jesús invirtió el papel; satisfizo primero a los siervos, él, el Señor y Maestro.
Jesús dejó el lugar de honor, el lugar de recibir, el lugar de privilegio. Esto era imposible si no tenía clara su misión; que había venido a servir y no para ser servido. No era posible si no tenía claro quién era, lo cual no dependía de su función ni de su posición delante de los hombres. No lo hubiera hecho si su satisfacción no fuera el Padre. Esto era imposible si no los hubiera amado.
Hablando de Jesucristo, Isaías dice:
“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos…” Isaías 53:11
El postergarse, el dar, muchas veces no es agradable al alma, puede producir aflicción; pero da fruto y cuando lo vemos, nada puede superar esa satisfacción. Creo que Jesucristo al ser exaltado, luego de haber vencido, miró y sigue mirando a los hombres siendo justificados al creer en él por la palabra de aquellos que, como lo hizo su Maestro, encontraron satisfacción en Dios y saciaron a los demás.
Si estás esperando recibir, si cada cosa que hacés es para saciarte; es imposible que renuncies a los privilegios, a tu posición, a postergarte por otros. Es difícil hablar a quienes conocen menos, es difícil callar y escuchar a otro, es difícil no recibir atención especial, es difícil no pertenecer al grupo selecto.
Pero si, como vimos antes, tu satisfacción viene de Dios y no depende de los demás, podés dar hasta cansarte, podés postergarte, podés escuchar a quienes saben menos, podés renunciar a privilegios, podés ceder tu lugar.





