“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.
Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”. (Juan 13:1-5)
Muchas veces a este pasaje lo leemos automáticamente, fijándonos solo en la actitud más evidente de Jesús hacia sus discípulos: “lavarles los pies”. Pero no vemos lo que respalda esa actitud, el proceso previo, la preparación.
Momentos antes Jesús había enviado a los discípulos a preparar el lugar para celebrar la pascua, pero había cosas que ya se venían preparando, aún antes de la fundación del mundo. El misterio de los siglos estaba próximo a consumarse, cosas fundamentales y eternas estaban por establecerse.
Los discípulos pensaban en los arreglos, en el pan, en la mesa, en la próxima cena, otra celebración más. ¿Habrán sabido lo que todo eso significaba? ¡Cuántas cosas sólo entendieron después que todo había pasado!
Pero Jesús estaba al tanto de todo. Si nos sumergimos más en las palabras de este relato descubrimos los entretelones, lo que sucedía en el corazón de Jesús, lo que tanto habrá deseado compartir con los suyos, pero no lo podrían entender sino más tarde.
Me imagino que habrá sido un momento de profunda soledad. Aquellos que lo rodeaban ni se imaginaban lo que sucedería. Sólo le quedaba su Padre.
Ambos sabían lo que vendría, lo que tenía que suceder, lo inevitable pero necesario... sabiendo el Padre lo que viviría el Hijo; sabiendo el Hijo que "sería herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, que el castigo de nuestra paz sería sobre él, y que por su llaga seríamos nosotros curados".
Así nosotros también pasaremos momentos de soledad, donde nadie entiende lo que vivimos, o a lo que estamos dispuestos a vivir por causa del Señor, por el anhelo que tenemos de hacer su voluntad. No entienden ni los procesos, ni los tiempos, tampoco nuestros sentimientos, luchas, dudas, esperanzas y alegrías. Sólo nos queda Dios. Y no van a faltar quienes, como Pedro dijo al Señor, nos digan igualmente: "... ten compasión de tí; en ninguna manera esto te acontezca". (Mateo 16:22). Porque cuanto más nos acercamos y entregamos al Señor, tanto más vamos entendiendo y disponiéndonos a negarnos a nosotros mismos, a dejar nuestros "derechos", gustos, sentimientos, sueños, para hacer la voluntad de Dios; y nada produce mayor gozo que esto, aunque en el momento a veces implique aflicción.
Hoy hay demasiadas voces que te gritan: "Cuida de tí" "disfrutá" "tenés derecho" "reclamá la promesa"; pero poco escucho, y casi como un susurro: "niégate a ti mismo, toma la cruz y sigue a Cristo".
¿Qué le contestó Jesús a Pedro? "¡Quítate de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres".
Entendamos que detrás de todas estas voces, está Satanás poniéndonos tropiezo. No le demos lugar. El nos va a gritar a través de la gente: amigos, familiares, hermanos; va a querer tocar nuestros sentimientos y pensamientos; aún desde púlpitos y libros lo escucharemos. ¡Pero no le demos lugar a sus sugerencias!. Fijemos nuestros ojos en Cristo y sigamos a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Mientras tanto, aquellos que tienen bajo su cuidado discípulos del Señor, sigan con el trabajo dedicado, perseverante y paciente de transmitirles enseñanzas y vivencias, pero siendo sensibles a la obra de Dios, particular y única en cada uno de ellos.
Pero no nos quedemos sólo con este relato, con la historia de lo que pasó; sino veamos cómo esta historia se repite a diario entre nosotros. Las situaciones son distintas, pero los procesos y sentimientos son muy parecidos. Veamos…